Cuando las cosas salen bien es fácil tener paciencia pero cuando encuentras un muro que te impide avanzar echas por la borda la paciencia. Tener paciencia es mantener el control y la calma; es manejar tus impulsos y emociones.
Un niño en el colegio cansado de estudiar pero entusiasta de vivir…
Estamos sentados en la mesa tratando de entender las matemáticas, al pobre niño le han dejado mucha tarea y para colmo tiene examen de matemática al día siguiente. La madre pierde el control se enfurece le hace preguntas al niño, él no responde, el niño no escucha parece que estuviera en otro mundo. La abuela mira tristemente al niño está cansada de verlo sufrir con el estudio. Yo trato de explicarle, él asiente con la cabeza e intenta resolver el ejercicio pero falla pide ayuda, su mamá lo reprende:
«Ya te hemos explicado resuélvelo solo»
El niño agacha la cabeza esta muy triste. Hay mucha tensión en la mesa. La madre es rigurosa pero quiere a su hijo, desearía que fuera como los otros niños que no tienen problemas con las matemáticas.
Yo reconozco haber perdido la paciencia muchas veces y me arrepiento de ello.
Por fin terminamos de estudiar y practicar, es un alivio para el niño que ahora quiere jugar pero ya es muy tarde es hora de ir a dormir se cepilla los dientes y alimenta a su mascota. Me pide que le cuente un cuento le digo que es muy tarde que ya debo irme, él insiste aprovechamos unos minutos le leo las Fábulas de Esopo. Sonríe comienza a sentir sueño, dormir es una tregua para el cuerpo y la mente.
El niño ahora no esta triste pero sabe que mañana no quiere recibir una «c»


